domingo, 6 de enero de 2013

Yanay.

Conocí a Yanay el 6 de julio de 2012 en el restaurante bar Son Cubano en West New York, New Jersey.

Era una linda noche de verano y el se me acercó pidiéndome bailar y yo con ese arranque aventurero que me suele invadir no tuve problema en decirle que si, darle mi nombre y enseñarle lo básico de la salsa. Al final, termino pidiendo mi número y yo se lo di por mi hermosa frase insignia "¿Porque no?". La verdad nunca pensé que esa noche fuera a pasar a mayores, pues ¿que puede ser tan serio a los 21 años?.

A la semana siguiente nos seguimos hablando por mensajes de texto y luego whatsapp, naturalmente nos agregamos en Facebook, cada cosa de su mundo a mi me pareció interesante.. Su religión, su calma, su tradición, su manera tan conservadora de ver el mundo, hasta el riesgo que representaba juntarse conmigo, y su edad.

Nuestra primera cita fue en el museo de Historia Natural, y fue lo más inocente del mundo! Nunca me había divertido tanto viendo animales disecados por 3 horas, después fue una pizza, el Central Park y varias copas de vino.

Sentir que algo tan lindo fije los ojos en ti esta dentro de las experiencias más agradables de la vida, lo malo es que algo tan sublime puede fácilmente guiarte a la entrada de la locura como me sucedió a mi, que con solo verlo a el por un mes, a la de vuelta a Colombia sufrí "oficialmente" 3 meses más, que además se convirtieron en mi karma personal y constante deseo de cambio de religión (Católica - Judía).

Intente convencerme que lo de el más que amor idealizado correspondía a una obsesión o a un capricho pero nada, había algo muy adentro de mi, como una pequeña voz que decía "Hey, espéralo" y casualmente me vuelvo a hablar con el y sigue soltero... Me da rienda suelta y empieza a confesarme que le gusto mucho, que la persona que encuentre ya será para casarse y que soy su cariño, y al igual que muchas cosas que uno tiene a los 21 años, también tienes el error de creer que todo el mundo es sincero y ademas juega  limpio, me logró ilusionar por solo una semana y yo estaba tn contenta con la existencia de ese israelí de ojos hermosos, grandes y expresivos que le conté a mis mejores amigos: Pati, Felipe y Ali.

El cuento de hadas terminó ayer 5 de enero de 2013, en la noche y de la misma manera en que empezó: Con una copa de vino pero separados, vía Whatsapp en donde una simple pregunta deja ver más que la respuesta, un simple: Tu que quieres conmigo? Y te responde básicamente: "Me gustas mucho, me importas pero dado que no vives en Nueva York, es impensable que lo nuestro funcione INCLUSO cuando te vas a venir a vivir acá en menos de dos meses".

Esa frase hizo que yo cuestionará todo: Lo que fuera que sintiera hacia mi, el límite de lo que yo haría por el, será el "el correcto", realmente Nueva York es para mi?

Un día, unas lágrimas y unas cuantas copas de vino después solo se me ocurre decir: NO, no es para mi, quien quiere a alguien a pesar de las adversidades siempre encontrará la manera de tener a su lado a esa persona, mi límite se encontró con su falta de interés... Ese fue siempre el único límite que me permití tener, y por último si, la gran ciudad si es para mi, mi vida sin Yanay no excluye a Nueva York, es más me permite demostrarle que aunque joven y todo saldré adelante, lo haré bien y que ahí es donde cumpliré mis sueños (Y siempre con la mano de Dios).

HE DICHO!

Un poco de Diciembre

Como se pueden dar cuenta, no hacer nada es algo bastante incómodo para mi así que solo se me ocurrió (Con alguna presión familiar) que debía trabajar por la temporada. Le dije a mi amiga Malu que a lo mejor podría aplicar con ella para los trabajos y después de varias entrevistas, logré conseguir como vendedora en Vélez, una empresa colombiana que se dedica a vender cueros en todas sus formas (Zapatos, correas, billeteras, maletines y toda cosa que usted se podrá imaginar). 

el primer día estaba un poco nerviosa, yo nunca había trabajado en ventas y cualquier venta para mi era todo un suceso, me sentía muy bien y además también lo hacía por mis compañeros, aunque la mayoría eran mujeres con ellas casi no tuve problemas excepto al principio con una vendedora fija de nombre Jenny y que jugaba al doble filo en cuanto a ventas se trataba.

Los días pasaban y resulto siendo que los pocos y casi inexistentes compañeros hombres que tenia desarrollaron un gusto en mi y me daban muchas cosas: chocolates (No me gustan), donas (Las amo) y además compañía hacia donde yo quisiera, aunque ninguno de ellos me llamaba la atención (No era culpa de ellos, era culpa de mi querido judío que siempre que intento tener con alguien hace que me duela la conciencia). Por mis múltiples conquistas me pusieron el apodo de 8 tiros, ya que a todo el que veía lo dejaba muerto, aunque eso honestamente no me pudo distraer de lo que, en ese momento, creía era el amor de mi vida.