Como se pueden dar cuenta, no hacer nada es algo bastante incómodo para mi así que solo se me ocurrió (Con alguna presión familiar) que debía trabajar por la temporada. Le dije a mi amiga Malu que a lo mejor podría aplicar con ella para los trabajos y después de varias entrevistas, logré conseguir como vendedora en Vélez, una empresa colombiana que se dedica a vender cueros en todas sus formas (Zapatos, correas, billeteras, maletines y toda cosa que usted se podrá imaginar).
el primer día estaba un poco nerviosa, yo nunca había trabajado en ventas y cualquier venta para mi era todo un suceso, me sentía muy bien y además también lo hacía por mis compañeros, aunque la mayoría eran mujeres con ellas casi no tuve problemas excepto al principio con una vendedora fija de nombre Jenny y que jugaba al doble filo en cuanto a ventas se trataba.
Los días pasaban y resulto siendo que los pocos y casi inexistentes compañeros hombres que tenia desarrollaron un gusto en mi y me daban muchas cosas: chocolates (No me gustan), donas (Las amo) y además compañía hacia donde yo quisiera, aunque ninguno de ellos me llamaba la atención (No era culpa de ellos, era culpa de mi querido judío que siempre que intento tener con alguien hace que me duela la conciencia). Por mis múltiples conquistas me pusieron el apodo de 8 tiros, ya que a todo el que veía lo dejaba muerto, aunque eso honestamente no me pudo distraer de lo que, en ese momento, creía era el amor de mi vida.
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